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DISCAPACIDAD VISUAL CON DIGNIDAD

     

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La Sordoceguera

 

 

Oscuridad y silencio

Por: Jorge Pulido

 

Aún más compleja es la combinación de la ceguera y la falta o disminución del sentido auditivo. Son muchas y muy diversas las barreras físicas y emocionales que la persona con esta discapacidad tiene que superar. El tacto se convierte, entonces,    en el principal recurso para entablar la comunicación con los demás, seguido por el olfato y el sentido cinestésico.

 

El acceso de una persona sordociega al mundo que le rodea, está determinado por su capacidad y habilidad para salvar las barreras y los espacios vacíos producidos por la falta de vista y oído. Con respecto a los niños sordociegos, lo primero es proporcionarles la información suficiente para que conozcan y hagan suyo el entorno social; mientras que en el caso de las personas con esta discapacidad, adquirida con posterioridad, los especialistas les apoyan en la aceptación y adaptación integral a la sociedad. Resulta impostergable la rehabilitación temprana de los sordociegos en sus primeros años de vida para evitar el anquilosamiento físico y mental, lo mismo que el aislamiento social; en tanto que en el caso de jóvenes y adultos, la atención rehabilitatoria oportuna evita el olvido y la negación de las experiencias auditivas y visuales adquiridas. 

 

Como consecuencia de la falta de comunicación sensorial, las personas sordociegas presentan una serie de dificultades   en el acceso a la información, a la educación, a la capacitación profesional, al trabajo, a la vida social y a las actividades culturales.

 

Existe una gran diferencia entre la sordoceguera congénita y la que se adquiere con el paso de los años. Cuanto más tarde aparezca la sordoceguera, mayores son las posibilidades de que la persona se desarrolle con normalidad, especialmente si no concurren otras deficiencias. Un niño que se queda sordociego después de adquirir el lenguaje, por lo general lo conserva, en tanto no surja algún otro trastorno físico.   

   

El orden de aparición de cada una de estas discapacidades constituye un factor determinante, especialmente cuando una de estas es de origen congénito. Son muy distintos los casos de niños que nacen ciegos y que más adelante pierden el sentido auditivo,  con respecto a los casos en que aparece la sordera en primer lugar, y posteriormente alguna deficiencia visual. En consecuencia, el momento en que se presentan tales discapacidades condiciona de manera significativa la comunicación de la persona sordociega con los demás.

 

 

Te invitamos para que conozcas más acerca de las personas sordociegas.

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Presidente Fundador
de Contacto Braille A. C.
Jorge Pulido, Licenciado en Periodismo