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Ceguera Total

 

Ciegos de Nacimiento y Ciegos Adquiridos

 

Por: Jorge Pulido

 

Desde los albores más remotos de la humanidad, la ignorancia, los tabúes, las creencias místicas, la posición social y económica y los intereses ideológicos y políticos, han propiciado en buena medida la exclusión social, y la discriminación de quienes son distintos a los demás. En este sentido, a lo largo de la historia, las personas con algún tipo de discapacidad han sido reiteradamente marginadas, menospreciadas, satanizadas, humilladas, abandonadas a su suerte, privadas de sus derechos más elementales, y en el peor de los casos, han sido asesinadas sin ninguna consideración.

  

 La ceguera ha tenido un significado por demás tenebroso, peyorativo y excluyente. La etimología misma de la palabra “ciego” nos remite invariablemente al significado de negrura, tinieblas, turbio, oculto, imperfecto, cerrado. En lo concerniente  a lo moral e intelectual, la ceguera adquiere matices aún más denigrantes: perturbado, oscuro, irracional, irreflexivo,  que actúa sin discernimiento, que carece de prudencia, y por supuesto está relacionada con la ignorancia y la falta de conciencia.

 

Además del valor agregado por parte de los pueblos eslavos, que le dieron a la palabra “ceguera” el significado de “mendicidad”, la carencia del sentido de la vista, -primordial en los seres humanos ya que por medio de los ojos se recibe el 80 por ciento de la información generada en el entorno social-, representa una verdadera tragedia, una irremediable desgracia, algo indigno y vergonzoso.

 

Hoy en día, las ideas erróneas de “una muerte en vida” y de “un insondable abismo”, tal como se concebía a la ceguera todavía hasta hace unos cuantos años, se disipan cada vez más ante los encomiables avances científicos y tecnológicos. La tiflología (el estudio de los ciegos) nos ofrece nuevas y más promisorias perspectivas para la integración de los faltos de vista a la educación formal, al trabajo digno, al sano esparcimiento y a la superación personal en igualdad de derechos y responsabilidades que el resto de la sociedad.

 

La ceguera total se presenta en forma congénita, por causa de alguna enfermedad, desnutrición o un accidente. Es la pérdida completa, -y muchas de las veces, irreversible-, del sentido de la vista. El individuo tiene una nula percepción de su entorno visual, o tiene apenas una muy ligera captación de luz y sombras pero no es capaz de distinguir imágenes.

 

IMPACTO EMOCIONAL.

 

Todo ser humano que presenta algún tipo de discapacidad requiere de un tratamiento rehabilitatorio que le permita, en primer lugar, la cabal aceptación de sus limitaciones y aprenda, en consecuencia, a superarlas mediante el uso de recursos alternativos que le den, al mismo tiempo,  la posibilidad de ser autosuficiente en su vida cotidiana. En el caso de las personas ciegas, desde hace tiempo se aplican una serie de técnicas de rehabilitación, que han dado resultados satisfactorios. Sin embargo, ninguna técnica rehabilitatoria de autosuficiencia es plenamente efectiva si no va aunada a una terapia psicológica.

 

La rehabilitación psicológica del falto de vista está encaminada fundamentalmente a proporcionarle a la persona con esta discapacidad los elementos emocionales suficientes que la conduzcan a su total integración social.

 

La experiencia clínica ha demostrado con el paso de los años que en el caso de las personas ciegas, no son tanto las facultades físicas las que están minadas como las emociones y la percepción de la realidad, por lo tanto se requiere de un encausamiento de la conducta. El siguiente paso consiste en darle el entrenamiento debido a las facultades físicas entorpecidas o no desarrolladas tras la ausencia del sentido de la vista.

 

La psicología de los individuos ciegos es muy distinta cuando se trata de ciegos de nacimiento, personas que pierden la vista a una determinada edad, quienes solo presentan una marcada disminución en la agudeza visual, y los llamados sordociegos.

 

 Con respecto a las personas que nacen privadas de este sentido o que pierden la vista en los primeros años de su vida, por lo general presentan un desarrollo individual muy precario y un contacto social sumamente limitado. La familia, muchas veces ignorante de las potencialidades del niño ciego, lo sobreprotege, no le permite desarrollar sus capacidades y lo excluye de la convivencia con los demás. Hay niños ciegos de nacimiento que aprenden a caminar después de los tres años de edad o que comen por sí mismos a los seis u ocho años, y su inclusión en la escuela convencional es tardía. Son menores de edad que han permanecido aislados, y en el peor de los casos, han sido inscritos en alguna escuela de niños ciegos, limitándose considerablemente su desarrollo psicosocial. -- En lo cognitivo, la carencia o disminución de la vista impone una seria limitación en la interpretación de la información del entorno social y en la integración de los estímulos que, en estas circunstancias, llegan de forma sesgada o incompleta.  En lo emocional, la falta de este sentido, esencial en la comunicación humana,  interfiere la relación del niño con sus padres. Al ciego de nacimiento, en la mayoría de los casos, le resulta más difícil su incorporación a la sociedad, lo cual no sucede con los ciegos adquiridos.

 

La estimulación temprana es impostergable en estos casos, siempre de la mano con los padres de familia y el terapeuta especializado, para favorecer el normal desarrollo del niño en las áreas motora, social, del lenguaje, sensorial, afectiva y cognitiva. Al mismo tiempo, el especialista acude en forma periódica al hogar del niño ciego con la finalidad de evaluar  el entorno social y físico donde se desarrolla, y de este modo, sugerirle a los padres  posibles adecuaciones, juguetes, actividades lúdicas y de aprendizaje, Que complementen su adaptación social.

 

Una vez concluída esta etapa, el niño ciego se integra a la vida escolar. Puede hacerlo en forma segregada, -sobretodo cuando presenta discapacidades añadidas-, en planteles especializados donde convive única y exclusivamente con niños faltos de vista o baja visión. Mientras que otros lo hacen en centros escolares convencionales en contacto directo y permanente con niños y maestros que ven, apoyados en forma externa por un monitor especializado en educación tiflológica, que los asesoran en asignaturas de difícil comprensión. 

 

 

En el caso de las personas que pierden la vista en la juventud o en edad adulta, a consecuencia de una enfermedad o algún traumatismo, su proceso de rehabilitación resulta más favorable, debido a que ya ha alcanzado  generalmente un plano de desarrollo en sus demás funciones, y cuando se atrofia dicho sentido, ya sabe como  utilizar sus demás facultades. Sin embargo, la rehabilitación psicológica del ciego de nacimiento es mucho más fácil en comparación con el ciego adquirido. Esto se debe a que el ciego de nacimiento desconoce la diferencia entre ver y no ver, sabe porque así se lo han dicho los demás que hay un mundo con imágenes visuales, pero eso no le preocupa, de ahí que sus angustias no sean tan graves, puesto que ya está acostumbrado a su falta de vista. En cambio, para el individuo que deja de ver, este hecho constituye un fuerte golpe emocional, en virtud de que su integración al medio social había sido mediante la vista, y al perderla se siente imposibilitado para continuar con su vida cotidiana. Su proceso de rehabilitación psicológica es más difícil porque conoce la diferencia entre ver y no ver. Una vez superada la crisis emocional, la mayoría de los ciegos adquiridos logran un mejor desarrollo de sus demás capacidades y una más satisfactoria integración al núcleo social. Aprende con más facilidad a leer y escribir en braille, a usar el ábaco para realizar cálculos aritméticos, a caminar sin tropiezos con el bastón blanco, con perro guía o en compañía de otra persona que sí ve, a manejar la computadora adaptada y en general a valerse por sí mismo en todas sus actividades de la vida diaria.

 

En tales circunstancias, los padres de familia y los hermanos, o el cónyuge e hijos en su caso,  también deben recibir orientación psicológica para superar oportunamente los efectos del shock emocional y el periódo de duelo, hasta llegar a la plena aceptación de dicha realidad. De este modo, podrá lograrse una más eficaz integración de la persona con discapacidad visual a la vida social.  

 

LOS NÚMEROS HABLAN.

 

En la actualidad,  la Organización Mundial de la salud reporta   que en todo el Mundo hay seiscientos millones de personas con algún tipo de discapacidad, concentrándose cuatrocientos millones de ellas en los países en vías de desarrollo. De este total global, ciento ochenta millones de seres humanos son personas con discapacidad visual, cuarenta y cinco millones considerados como ciegos y los ciento treinta y cinco millones restantes con deficiencia visual. Nueve millones en La India, seis  millones en China, y siete  millones en África, países donde se presenta la mayor incidencia de casos. Desde ahora, dicho organismo anticipa que de no destinarse recursos económicos adicionales, dentro de quince años el número de casos puede duplicarse.

 

 Las personas con discapacidad visual que viven en los países con severas carencias económicas, por lo general  no tienen acceso a servicios médicos y    de rehabilitación,  y la ceguera se origina principalmente por infecciones, falta de higiene y desnutrición, además de enfermedades crónicas o endémicas, como: la diabetes, el VIH SIDA, el tracoma, las cataratas, ceguera de río y ojo seco; a todo esto debemos sumarle los accidentes,   Las guerras, el consumo de drogas, la violencia social, el deterioro ecológico y los desastres naturales. 

 

Las cifras son altamente reveladoras y preocupantes al mismo tiempo. La OMS reporta que, en promedio,  cada cinco segundos una persona en el mundo pierde la vista y cada  minuto nace un niño con algún trastorno visual. De acuerdo con estos datos, la población  Con discapacidad visual se incrementa anualmente en nuestro planeta en cerca de dos millones de personas.

 

También, la Organización Mundial de la Salud estima que, en el año 2020, de un total de 54 millones de personas ciegas y deficientes visuales de más de 60 años de edad, 50 millones formarán parte del mundo en desarrollo. Muchos de  estos trastornos visuales pueden evitarse o curarse mediante una adecuada alimentación, vacunación oportuna, programas ecológicos y atención médica.

 

En México, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, un millón 795 mil personas tiene alguna discapacidad, y precisan que, 45.3 por ciento de esta población tiene discapacidad motriz, 26 por ciento visual; 16.1 mental; 15.7 auditiva; y 4.9 por ciento del lenguaje. De ellos 52.6 por ciento son hombres y 47.4 por ciento mujeres.

 

En su mayoría, 72.6 por ciento, habitan en zonas urbanas, mientras que 27.4 por ciento en zonas rurales. Las principales causas de discapacidad en nuestro país son las enfermedades, con 31.6 por ciento de los casos; 22.7 por edad avanzada; 19.4 debido a males congénitos; y 17.7 por ciento como consecuencia de algún accidente de tránsito, laboral, social o doméstico.

 

Considerada por organismos internacionales como la segunda discapacidad más inhabilitante, la baja visión afecta a 467 mil personas en Nuestro país, de un total de poco más de 700 mil discapacitados visuales.

 

La población más afectada por la ceguera son los adultos y los ancianos, mientras que 17.2 por ciento de quienes padecen discapacidad visual en México son menores de 30 años; 33 por ciento tiene entre 30 y 59 años de edad, mientras que 48.8 por ciento es mayor de 60 años, ya que las causas principales son edad avanzada y enfermedades como la diabetes, con 33 por ciento de los casos, respectivamente; 12.4 por ciento por accidentes y 11.2 por males congénitos.

 

 

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Presidente Fundador
de Contacto Braille A. C.
Jorge Pulido, Licenciado en Periodismo